Mi experiencia visitando una Venecia (casi) sin turistas

Mi experiencia visitando una Venecia (casi) sin turistas
Siempre he tenido ganas de ir a Venecia, pero es un viaje que posponía año tras año por la gran cantidad de turismo masivo que siempre ha tenido, una tendencia que además en los últimos años iba cada vez a más, comenzándose a convertir en un verdadero problema para la propia ciudad.
Cuando se dio luz verde a viajar por la gran mayoría de países de Europa sin restricciones, lo tuve claro, tenía que aprovechar para conocer países cercanos que siempre había querido visitar pero que acababa posponiendo porque terminaba viajando a otros continentes o lugares más lejanos. Venecia, desde luego, estaba en la lista y sin duda era en estos momentos uno de los destinos más apetecibles porque era consciente de que la situación turística de la ciudad en este verano puede que no se vuelva a repetir nunca.
Ha sido un viaje de 6 días maravilloso.

Vuelos por 29 euros el trayecto

Los precios de los vuelos están por los suelos. Siempre que tengamos la máxima prudencia y seguridad sanitaria posible, estos meses estivales se han convertido en el verano más barato de la historia para viajar.

Compré los vuelos con Air Europa por 29 euros el trayecto unos días antes de comenzar la aventura. El trayecto era desde Madrid al aeropuerto Marco Polo.

El vuelo fue perfecto. Al entrar al avión nos dieron mascarillas, aunque por supuesto llevábamos ya que como te conté en otro post, tanto en el propio aeropuerto, como también en todos los vuelos, es obligatoria durante todo el trayecto.

En el Gran Canal

También, por cierto, tuvimos que rellenar un formulario de salud relacionado con el Covid, que entregamos en el momento a la misma tripulación. Esto depende de cada compañía, pero es uno de los protocolos más usuales para facilitar el rastreo en caso de detectarse posteriormente un positivo que viajara en el vuelo.

La llegada a Venecia

Nada de colas ni esperas al llegar al aeropuerto italiano. En cierto punto unas cámaras termográficas toman tu temperatura. Justo después ya era momento de coger el barco que nos llevaba hasta Venecia. La empresa que lo gestiona es Alilaguna y nos salió 28 euros la ida y vuelta (15€ solo ida) y los menores de 6 años no pagan. Es una experiencia bastante guay, pero eso sí, se tarda una hora en llegar a la ciudad.

La mascarilla en Italia es obligatoria en todo el transporte público, así como también en sitios cerrados, pero por la calle no. Eso sí, allí realmente están tan concienciados de la necesidad de uso tanto como aquí, sobre todo en sitios con poca ventilación natural y todos los comercios y restaurantes avisan de que el uso de mascarilla es obligatorio, si no no se puede entrar. Además, recuerdan también en todo momento que hay que mantener la distancia de seguridad.
Finalmente nos bajamos en la parada de Rialto, ya que teníamos el apartamento entre el Puente de Rialto y la Plaza San Marco. Localización inmejorable sin duda, ya que además, estábamos a pie de un pequeño canal, por lo que vimos pasar cientos de góndolas desde la ventana.
El apartamento es el Otto House Apartment. En pleno julio y agosto hemos pagado 65 euros con capacidad para 4 personas. Hace un año, por estas fechas, costaba el doble. Tiene un par de supermercados a menos de 5 minutos andando.

La ciudad parece vacía

Venecia tiene vida, pero estamos tan acostumbrados a ver las calles abarrotadas de turistas, grupos con guías y canales con decenas de góndolas cruzándolos, que cuando ahora paseas por la ciudad te da la sensación de que está vacía, casi ni crees que estás allí. Fue una sensación extraña.

La Plaza San Marco vacía, el Puente Rialto sin gente, las góndolas atracadas en los márgenes de los canales…

Uno de los días hicimos el tradicional recorrido en góndola, y hablamos ‘de todo un poco’ con el gondolero que, por cierto, era maravilloso. Es importante tomarse tiempo en elegir un buen gondolero, ya que muchos, sobre todo los más jóvenes, van con el móvil mientras reman… Pues bien, nos dijo que ahora solo podían trabajar un día, y librar 5, ya que no había demanda. De hecho, paseando era habitual que los gondoleros te ‘regatearan’ el precio fijo de 80 euros por paseo en góndola (a nosotros nos llegaron a ofrecer el paseo por 50 euros).

Helado de Suso

Encontramos muchos comercios y restaurantes cerrados (y los que estaban abiertos, la mayoría de los días completamente vacíos). Nosotros cenamos un par de noches en el Rossopomodoro, muy cerquita de la Plaza San Marco y del apartamento, y tanto la pasta como las pizzas estaban buenísimas y súper bien de precio. De hecho, tenían una promo para los niños que por 1 euro tenían pizza margarita o pasta, más agua (sí, habéis leído bien, 1 euro, y la pizza de bastante buen tamaño)
Otro clásico veneciano son los helados, y si vais no os podéis perder los de la heladería Suso, increíbles (siempre tienen colas larguísimas para pedir, pero ahora no…). El de Panacota, tiramisú, nutella… buenísimos.

Muy poco turismo

Prácticamente todo el turismo que había era italiano. Algunos viajeros alemanes, y españoles casi no vimos.
Lo bueno de que haya tan poca gente, es que apenas hay cola para entrar a los sitios. Entramos a La Fenice, por ejemplo, y coincidimos con 4 personas más.
Perderse por las calles de Burano, y estar completamente solos, para fotografiar sus maravillosas casas de colores, no tiene precio. En una de las tiendas que venden recuerdos de cristal de Murano, la chica que lo gestionaba nos contó que en esta época Burano recibía al día unas 20.000 personas. Ahora, no llegan a las 2.000 personas por día. Increíble.
Nosotros para ir a Burano compramos el billete de transporte de 24 horas, que por 20 euros persona, puedes usar tantas veces como quieras el transporte público. Lo reservamos a través de Civitatis para evitar colas. Así puedes aprovechar para ir a Murano o Torcello, que está muy cerquita de Burano. Para el resto de día no lo necesitamos, ya que íbamos a todos los sitios andando.

Una consigna de maletas automática

Ya para volver teníamos el check out a las 11 de la mañana, pero hasta después de comer no teníamos el barco que nos llevaría de vuelta al aeropuerto Marco Polo, así que dejamos las mochilas en una consigna automática que hay en pleno centro de Venecia.

Consigna automática

Todo se hace de manera online desde Stow your bagsy la verdad es que fue una experiencia bastante buena y curiosa. Se paga por horas y es muy sencillo de utilizar. Haces la reserva y te envían un código qu etienes que introducir en una máquina, que automáticamente te abre la consigna. Ahí dejas el equipaje y luego a la hora de retirarlo te hacen el cargo por el tiempo que haya estado ahí.
En fin, disfrutar de Venecia en estos momentos es una oportunidad única e irrepetible.

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