Mi primer viaje en avión tras la crisis sanitaria de la Covid-19

Mi primer viaje en avión tras la crisis sanitaria de la Covid-19

Desde hacía algunos meses tenía muchas ganas de visitar Copenhague y tras la apertura de las fronteras a los turistas europeos hace tan solo unos días, lo tuve claro: era el momento.

Aunque la libre circulación está restablecida en Dinamarca para aquellos países del espacio Schengen, el país tiene ciertas limitaciones en los viajes, como el hecho de que como mínimo deben ser de 6 noches. Llegué ayer mismo a la capital, pero además de un post que también publicaré en el blog sobre cómo ha ido el viaje de forma general, creo que si quizás estás indecesiso/a acerca de viajar por Europa este verano, te va a ser muy útil.

Aeropuertos vacíos

Se hace extraño ver lugares como la Terminal 1 del Aeropuerto Barajas-Adolfo Suárez de Madrid sin prácticamente gente. La gran mayoría de cafeterías, restaurantes, tiendas están cerradas. Aunque eran varios los vuelos programados para la mañana del lunes, lo cierto es que incluso sobraba espacio en las pantallas que anuncian los horarios; algo que realmente nunca había visto.

Al entrar al aeropuerto, antes de pasar siquiera el control de seguridad, hay personal de seguridad en las puertas que te pide la tarjeta de embarque para verificar que vas a volar en las próximas horas y evitar así que entren a las instalaciones personas que no van a embarcar.

Los enormes pasillos y las instalaciones gigantescas de un aeropuerto del tamaño de Madrid Barajas hacen que todo parezca más vacío, sobre todo cuando todos los recuerdos que tengo de él son el trajín de decenas de miles de viajeros yendo de un lado a otro de la terminal. Aparte de las zonas de embarque a los aviones, las mayores colas están ahora en las máquinas automáticas de café de Starbucks.

Embarque habitual

Volé con Ryanair y excepto por el hecho de tener que llevar mascarilla obligatoriamente desde que se entra en el aeropuerto; poca diferencia hubo a la hora de hacer el embarque. Se formó cola, como es habitual, y aunque hay carteles que recuerdan continuamente que la distancia de seguridad de al menos metro y medio debe ser respetada en todo momento, la realidad es distinta. Aunque algo más distanciados, el embarque se hace de la misma manera que se hacía antes de que se iniciara la pandemia.

En la megafonía, de forma constante, como en la gran mayoría de grandes comercios o espacios públicos cerrados, una locución va recordando en inglés y español del uso obligatorio de mascarilla, así como la precaución de siempre mantener las distancias.

El asiento de en medio queda libre

Aunque las aerolíneas avisaron ya hace un tiempo que no pensaban en dejar dos de los asientos centrales de cada fila libres, en esta ocasión y a pesar de volar con Ryanair, como el avión no llega ni a la mitad de ocupación, parece que han decidido mantener el asiento central vacío.

Por supuesto, el uso de mascarilla es obligatoria durante las 3 horas de vuelo y tan solo podemos quitárnosla durante poco tiempo para beber o comer.

TE VOY CONTANDO TODO EN INSTAGRAM

Una vez aterrizamos la situación fue similar al embarque. Nos quedamos esperando en el pasillo del avión todos juntos sin poder estar demasiado pendientes a la distancia mínima de seguridad. Abajo nos esperaban 2 autobuses, cuando generalmente tan solo ponen uno para la cantidad de personas que éramos, lo que nos permitió ir respetando sin problema la distancia entre unos y otros.

Control exaustivo de entrada

Al igual que en España, no hay toma de temperatura y tampoco se rellena ningún formulario especial, pero sí hay un control de acceso. Lo que en la normalidad es un trámite de unos segundos, ahora dura algo más y debemos presentar aparte del DNI o el pasaporte, tanto la reserva de las 6 noches de hotel mínima que exigen para poder viajar a Dinamarca si vamos de turismo; así como también el vuelo de vuelta a España.

Realmente no hay ningún problema, pero sí es una de las principales circunstancias en las que más he notado esta ‘nueva normalidad‘ de los viajes.

En Copenhague hay absoluta normalidad

En teoría el uso de mascarillas es también obligatorio dentro del transporte público, como el tren que me llevó desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad. Eso sí, aquí nadie la lleva, o al menos yo no lo he visto. Ni dentro de los locales, ni del transporte público y mucho menos en la calle.

Eso sí, lo único que recuerda la crisis sanitaria por la que ha pasado Europa en estos meses, es en el aforo máximo de las tiendas, que cuidan mucho.

Se puede viajar sin problemas

Como te he contado, desde que dejamos el coche en el parking del aeropuerto nos damos cuenta de que no todo es como hace unos meses, hay muchos menos viajeros.

Olvidando el hecho de la obligatoriedad de la mascarilla y guardar la distancia de seguridad, algo con lo que poco a poco nos vamos familiarizando y vemos más habitual en el día a día; lo cierto es que viajar en avión actualmente es prácticamente igual a como era hace unos meses y viajar dentro de Europa se puede hacer sin demasiados inconvenientes para disfrutar y exprimir al máximo viajes como el que estoy realizando en estos días por Dinamarca.

TE VOY CONTANDO TODO EN INSTAGRAM

Un abrazo,

Vanesa

Pincha aquí y suscríbete a nuestra newsletter